Piensa en ello—las barreras regulatorias excesivas podrían literalmente retrasar a la humanidad. Si no podemos avanzar en la exploración de Marte debido a políticas demasiado restrictivas, las futuras generaciones podrían preguntarse qué estábamos pensando. La innovación prospera cuando hay espacio para experimentar y asumir riesgos calculados. Las regulaciones severas a veces matan las mismas ambiciones que impulsan avances revolucionarios. La cuestión no es si podemos llegar a Marte técnicamente; es si nuestros marcos regulatorios realmente permitirán intentarlo. A veces, el mayor enemigo del progreso no es la capacidad—es la burocracia que avanza más lentamente que nuestros sueños.

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