La doble vida que lo mató: La loca historia de Barry Seal

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Barry Seal podría haber sido solo otro piloto, pero eligió el juego más peligroso posible.

Obtuvo su licencia a los 16 y de inmediato comenzó a traficar armas. Estamos hablando de un nivel de conexión que ayuda a la revolución de Castro. Pero eso fue solo el calentamiento.

A finales de los años 70, Seal estaba trabajando directamente con el Cartel de Medellín—los jefes de la organización. Su apodo? El Gordo. Y no se andaba con tonterías: estaba moviendo $3-5 mil millones en cocaína hacia EE. UU. anualmente a principios de los años 80. Estamos hablando de tráfico de drogas a escala industrial.

Aquí es donde se complica. En 1984, Seal cambió de bando. Comenzó a trabajar encubierto para la CIA y la DEA, fotografiando los laboratorios y operaciones de cocaína de Pablo Escobar. Se convirtió en el informante dorado del gobierno, el tipo de activo que pone dianas en las espaldas.

¿El trato? Tiempo de prisión reducido. ¿El precio? Su vida.

El 19 de febrero de 1986, a solo 46 años, Barry Seal fue asesinado—casi con toda certeza por la ejecución del cartel. El hombre que ayudó a la CIA y a la DEA resultó ser tan prescindible como cualquier soldado raso.

Hollywood no pudo resistirse a esta historia. Tom Cruise lo interpretó en "American Made" de 2017, pero ¿la versión real? Mucho más oscura.

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