Imagina esto: un coche baja a toda velocidad por la colina. El conductor gira el volante a la izquierda. Luego a la derecha. Luego más fuerte a la izquierda. Luego un giro violento a la derecha.



¿Todo ese zigzagueo ralentiza el descenso? Ni cerca. Solo acelera el inevitable choque.

Así está el G7 en este momento. El vaivén de políticas no salvará un sistema que ya se está deslizando cuesta abajo. Los giros pueden parecer decisivos, pero el impulso no miente.
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