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Lo más traicionero de las señales de recesión es que nunca llegan haciendo ruido: el empleo sigue estable, el consumo todavía aguanta y, cuando los datos por fin cambian de rumbo, el mercado ya se ha pegado una buena caída. El pánico es un punto de compra y el optimismo, un punto de venta; ahí es donde nos juega una mala pasada la naturaleza humana. ¿Qué indicadores adelantados has visto cambiar últimamente por ahí?

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