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En la partida de la política climática, quienes realmente mandan nunca están en las urnas. La agenda trazada en 1985 ha llegado hasta hoy: las ONG actúan como capilares, los fondos exentos de impuestos como sangre y los ciclos de retroalimentación se estrechan cada vez más. La gente corriente solo ve las cifras de emisiones de carbono, pero no quién fija las reglas. No hace falta sacar conclusiones precipitadas; sigamos observando cómo evoluciona.

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