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#美国9月PPI大超预期 #WCTCS9 La Fed reanuda las subidas de tipos: un pulso que supera con creces lo que imagina el mercado; el verdadero pánico global aún no ha llegado



El disparo de salida ya se ha producido, pero la tormenta sigue gestándose.
Muchos miran cómo los índices bursátiles estadounidenses siguen oscilando y creen que esta nueva ronda de subidas de tipos de la Fed no es más que otra operación monetaria rutinaria, que el mercado ya la ha descontado por completo y que los riesgos son limitados. Pero, si dejamos a un lado las fluctuaciones a corto plazo y conectamos la geopolítica global, los flujos de capital y las burbujas de activos, veremos que esta reanudación de las subidas de tipos es una apuesta financiera a todo o nada por parte de Estados Unidos.
No es una simple herramienta de política para ajustar la inflación, sino un intento clave de trasladar la crisis al resto del mundo. Si tiene éxito, se apropiará de activos globales baratos y aplazará varios años la crisis interna; si fracasa, el crédito del dólar se verá dañado, la burbuja tecnológica de la IA estallará directamente y el riesgo hará explosión dentro de Estados Unidos.
La primera subida de tipos de septiembre fue solo el prólogo. Lo más probable es que el verdadero pánico del mercado estalle de forma concentrada hacia diciembre. Para los inversores particulares, la ventana más importante es el próximo máximo del rebote, es decir, la segunda señal de venta. Aprovechar esta ventana para cerrar posiciones y optar por mantenerse al margen y protegerse será la estrategia de supervivencia más práctica durante el próximo período.

I. Una subida de tipos llena de altibajos: una batalla financiera sin retirada posible

Al repasar todo el proceso que llevó a reanudar las subidas de tipos, vemos que estuvo lleno de idas y venidas. Las expectativas del mercado apuntaban inicialmente a una subida a finales de año, luego se adelantaron a julio y, tras varios pulsos, finalmente se materializó en septiembre. Estos cambios de fecha no se debieron a simples fluctuaciones de los datos, sino al resultado de los constantes compromisos entre las contradicciones internas de Estados Unidos, el sistema de aliados y la geopolítica global.
La subida de tipos de septiembre marcó oficialmente el inicio de un nuevo ciclo de endurecimiento monetario. Sin embargo, la reacción actual del mercado está profundamente dividida.
Los mercados de Asia Oriental fueron los más adelantados: las bolsas de China, Japón y Corea del Sur alcanzaron sus máximos y comenzaron a retroceder ya en junio, anticipándose a las expectativas de subidas de tipos. La bolsa surcoreana llegó a registrar una caída máxima de casi el 40%, mientras que el ajuste de las acciones A fue de alrededor del 25%. La bolsa japonesa resistió relativamente bien, con una caída inferior al 10%. Las bolsas europeas tocaron techo en su mayoría en agosto: la bolsa francesa cayó alrededor del 10%, la alemana retrocedió menos del 5% y el índice EURO STOXX 50 bajó en torno al 8%. El Dow Jones siguió un ritmo prácticamente igual al de Europa y comenzó a corregir tras tocar techo a principios de agosto.
Solo el Nasdaq sigue resistiendo con fuerza y marcando nuevos máximos.
Esta divergencia refleja una realidad: hoy en día, la economía estadounidense apenas se sostiene gracias al gasto de capital de los gigantes tecnológicos de IA. La enorme cantidad de dinero que fluye hacia el sector de la IA sostiene las valoraciones de las acciones tecnológicas y se ha convertido en el último motor de la bolsa estadounidense. Más allá de eso, cuesta encontrar nuevos motores de crecimiento económico sostenibles.
Desde esta perspectiva, la esencia de esta ronda de subidas de tipos es que Estados Unidos se juega el todo por el todo.
En la ronda de subidas de tipos de 2022, el intento de trasladar la crisis al exterior no logró plenamente su objetivo. Esta vez, la prioridad es completar la transferencia del riesgo dentro del círculo de aliados. Si esta nueva apuesta tampoco da el resultado esperado y se bloquea la vía para trasladar la crisis al exterior, la crisis tendrá que absorberse dentro de Estados Unidos, y será difícil evitar el estallido de un riesgo sistémico.
Por eso, esta ronda de subidas de tipos tiene un carácter de «triunfar o perecer».
Muchos tomarán como referencia los ciclos de subidas anteriores y, de forma automática, fijarán un límite a las subidas y un punto final para los tipos de interés. Pero esta vez, la lógica de la confrontación pesa mucho más que las operaciones habituales para combatir la inflación. La lógica es sencilla: hay que presionar al adversario hasta que no pueda soportarlo; de lo contrario, la presión acabará volviéndose contra uno mismo. Esto significa que la magnitud de las subidas podría superar con creces lo que imaginan las principales instituciones del mercado.
Podemos analizar esta ronda de subidas de tipos desde dos dimensiones: el tiempo y la magnitud.
En cuanto al tiempo, la capacidad de la economía y los mercados financieros estadounidenses para soportar tipos de interés muy elevados durante un período prolongado es limitada. Los tipos altos seguirán aumentando los costes de los intereses de la deuda pública y empresarial, y hundirán los precios de los activos. A juzgar por las diversas limitaciones, lo más probable es que este período de tipos altos dure entre 1 y 1.5 años; difícilmente podrá prolongarse mucho más. Como no es posible alargarlo indefinidamente, la intensidad será más agresiva.
En cuanto a la magnitud de las subidas, a corto plazo puede entenderse que no existe un límite máximo. El dólar goza del estatus especial de moneda de reserva mundial. Aunque algunas empresas e instituciones nacionales entren en crisis, Estados Unidos aún puede aplicar inyecciones de liquidez puntuales, como parches, para rescatar instituciones locales y aislar riesgos específicos. Las economías de Europa, Japón y Corea del Sur no cuentan con ese recurso.
Hay un indicador indirecto clave para observar la determinación y el posible límite máximo de las subidas de tipos: el precio internacional del petróleo.
El mercado debe estar alerta: Estados Unidos tiene incentivos para agravar la situación en Oriente Medio, sobre todo intensificando el conflicto con Irán, con el fin de elevar el precio del petróleo. Una subida extrema del precio abriría aún más margen para que la Fed suba los tipos. Las señales públicas actuales indican que Estados Unidos está realizando preparativos previos para una acción militar contra Irán. Al mismo tiempo, también avanza en paralelo una estrategia para acorralar a Europa.
La geopolítica nunca es una noticia aislada: es una herramienta complementaria de la guerra financiera. Los conflictos de Oriente Medio y Europa del Este son factores externos al servicio del endurecimiento monetario.

II. La calma es solo una ilusión: la verdadera ventana de pánico se sitúa hacia diciembre

La guerra financiera se libra en torno a las expectativas. El pánico no surge solo cuando estalla la crisis; es la acumulación de expectativas y la salida colectiva y apresurada de capitales lo que provoca un impacto devastador en el mercado. Cuando las subidas de tipos llegan a su fase final y se materializan todas las noticias negativas, el pánico suele ir disipándose. Por eso, la fase más destructiva es la primera parte, cuando las expectativas aún se están gestando.
Contando desde la primera subida de tipos de septiembre, los próximos seis meses, es decir, hasta antes de marzo del año que viene, serán una ventana de alto riesgo en la que se concentrará la formación de expectativas de riesgo.
El mercado se mantiene relativamente tranquilo por ahora porque Estados Unidos está gestionando las expectativas de forma preventiva. Últimamente ha enviado reiteradas señales de distensión en las relaciones entre China y Estados Unidos. Las cumbres de APEC de noviembre y del G20 de diciembre ya han sido preparadas de antemano en cuanto a su tono, para proyectar hacia el exterior la imagen de que las grandes potencias conviven en paz.
Una vez eliminado el mayor motivo de preocupación externa, Estados Unidos centrará su atención en Oriente Medio y Europa.
El mercado ya ha rebajado las expectativas de una nueva subida de tipos en octubre; los datos de empleo no agrícola de septiembre ya cumplieron su función de guiar las expectativas en esta ronda. El mercado prácticamente ha alcanzado un consenso: el 9 de diciembre llegará la segunda subida de tipos. Desde ahora hasta el 9 de diciembre, poco más de un mes, se encuentra la ventana de observación más importante.
Hay dos acontecimientos en marcha que servirán de detonantes para hacer estallar los mercados globales hacia diciembre.
Primero, Estados Unidos no buscará un alto el fuego con Irán; al contrario, está acelerando los preparativos para atacar al país. Por un lado, elevará el precio internacional del crudo y creará las condiciones necesarias para subir más los tipos; por otro, provocará una crisis energética que reducirá aún más el margen de maniobra de Europa. Si el precio del petróleo se descontrola, la inflación global repuntará y se reforzarán aún más los argumentos a favor de subir los tipos.
Segundo, Estados Unidos y Rusia están negociando un intercambio de intereses. Estados Unidos está trasladando beneficios concretos a Rusia al flexibilizar las restricciones a las exportaciones rusas de fueloil e incluso comprar directamente diésel ruso. A cambio, Rusia tendrá que actuar en el frente de la guerra entre Rusia y Ucrania y generar un mayor pánico geopolítico.
Esta cadena de acuerdos se remonta a las visitas a Rusia y Ucrania del enviado especial de Estados Unidos y de Kushner, a principios de septiembre. Según el calendario, las personas relacionadas volverán a visitar Rusia a finales de octubre. Después de eso, es muy probable que la intensidad del conflicto entre Rusia y Ucrania aumente bruscamente. Incluso existe el riesgo de que el conflicto se extienda y afecte a Bielorrusia y Polonia, mientras vuelve a cobrar fuerza el discurso sobre la disuasión nuclear entre Rusia y Europa.
Todos estos acontecimientos geopolíticos se concentrarán en torno a la segunda subida de tipos de diciembre. La subida vertiginosa del precio del petróleo, la intensificación de los conflictos armados y la agitación en torno al riesgo nuclear se combinarán para dar paso, por fin, al verdadero pánico financiero global.
En otras palabras, queda poco tiempo para que el mercado siga relativamente tranquilo.
Muchos inversores cometen el error de reaccionar al riesgo solo después de que se haya producido una fuerte caída. Pero, cuando el pánico ya se ha desatado en el mercado, a menudo el riesgo se encuentra en su fase intermedia o incluso final, y las pérdidas ya son reales. El valor del análisis macroeconómico reside en poder ver la tormenta que se acerca antes de que el riesgo quede descontado en los precios.

III. Se acerca la segunda señal de venta: el máximo del rebote es la última ventana de salida para los inversores particulares

Cuando trasladamos los riesgos macroeconómicos a la práctica, llegamos a los puntos de venta de las operaciones.
En mayo de este año, el mercado emitió la primera alerta de riesgo, correspondiente a la primera señal de venta desde el punto de vista técnico y al giro de la tendencia general. Algunos activos alcanzaron su máximo a finales de mayo, y muchos índices completaron su último máximo tras subir en junio. Mirando atrás, mayo y junio fueron la primera zona de máximos de alto riesgo de este ciclo.
Desde entonces, el mercado ya ha atravesado dos rondas de caídas. Ahora se está desarrollando la segunda, y lo que debemos esperar es la segunda señal de venta.
La certeza de la ventana temporal es muy superior a la del nivel de precios. El mercado vivirá un rebote en uno de dos escenarios: si primero se produce una fuerte caída, después llegará un rebote de mayor magnitud; si solo hay un descenso leve, el rebote también será débil. Tanto si el rebote es fuerte como si es débil, es muy probable que su máximo sea la segunda señal de venta.
Esta es una oportunidad clave para que los inversores particulares reduzcan sus posiciones y salgan del mercado.
Para confirmar el ritmo de salida de capitales, conviene seguir de cerca un indicador externo clave: el tipo de cambio del yen.
Anteriormente, el Banco de Japón intervino dos veces en el mercado cambiario y utilizó más de 100.000 millones de dólares para comprar yenes, impulsando el tipo de cambio desde alrededor de 164 hasta la zona de 153. Detrás de esas intervenciones había un objetivo muy práctico: todavía hay enormes cantidades de capital estadounidense invertidas en la bolsa japonesa, y se necesitaban contrapartes para vender y convertir ese dinero en dólares. Sin la intervención, las ventas masivas hundirían directamente el yen y dificultarían una salida ordenada del capital.
Estados Unidos ha expresado verbalmente su apoyo a las intervenciones para sostener el yen, pero sus acciones concretas han sido muy limitadas. Tras dos intervenciones, se estima que la salida de capital estadounidense del mercado japonés está prácticamente llegando a su fin.
Si después el yen vuelve a depreciarse y regresa a oscilar en el rango de 160‑163, eso indicará que la retirada a gran escala de capital estadounidense de Asia Oriental prácticamente se ha completado. Para entonces, quedará una pequeña parte del capital en el mercado, destinada específicamente a ejecutar ventas que hagan caer los precios. Que el yen vuelva a depreciarse hasta ese rango será una señal importante de que se acerca un período de presión simultánea sobre los mercados globales.
Nuestro mercado no es el principal campo de batalla de esta crisis, pero los mercados financieros están muy globalizados y nadie puede mantenerse completamente al margen. Una fuerte turbulencia en el exterior se transmitirá sin duda al mercado interno a través de los flujos de capital, el apetito por el riesgo y el sentimiento. No podemos confiar en que esta vez nos libraremos.
Otra bomba que pende sobre nuestras cabezas es la posibilidad de que estalle la burbuja tecnológica de la IA en Estados Unidos y de que esto se convierta en una crisis financiera sistémica global.
Desde el 23 de septiembre, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años se ha mantenido de forma sostenida por encima del 5%. Al mismo tiempo, los rendimientos a largo plazo de las principales economías europeas, como Alemania, Francia y el Reino Unido, han subido drásticamente, y el diferencial de tipos de interés reales entre Estados Unidos y Europa sigue ampliándose. Esto se parece más a una prueba de resistencia que Estados Unidos está realizando de forma deliberada ante la presión de una subida de los rendimientos de los bonos del Tesoro, para medir el límite de tipos que pueden soportar las economías y las empresas y recopilar datos reales para determinar el ritmo y la magnitud de las próximas subidas.
Muchos proyectos de los gigantes de la IA se financian fuera de balance mediante SPV, y los tipos de interés de los bonos ya se sitúan generalmente entre el 8‑9%. Si después se producen nuevas subidas pronunciadas de tipos, los costes de financiación aumentarán aún más. El verdadero detonante de una crisis no está en las valoraciones contables, sino en si el flujo de caja de los gigantes tecnológicos puede soportar un entorno de tipos elevados. Si se interrumpe el flujo de caja, la burbuja de la IA sufrirá un aterrizaje forzoso.
Por ahora, las señales de una crisis sistémica aún no están plenamente confirmadas. Habrá que esperar hasta principios del año que viene para poder ver con claridad todos los efectos reales y la intención final de esta ronda de subidas de tipos.

IV. Las opciones reales para los inversores particulares: en un mercado complejo, mantenerse al margen también es una oportunidad

Cuando el entorno macroeconómico se vuelve cada vez más incierto, los particulares suelen cometer dos tipos de errores.
Unos subestiman los riesgos, piensan que los conflictos geopolíticos ocurren muy lejos, que las subidas de tipos son asunto del otro lado del océano y que el mercado interno puede seguir su propio rumbo, y optan por mantener todas sus posiciones para especular. Otros se dejan llevar por el pánico: tras ver todas las noticias negativas, compran a ciegas en las caídas o abren posiciones cortas, intentando apostar por una crisis o un colapso y tratando la crisis como una oportunidad para enriquecerse rápidamente.
Ambas actitudes son muy peligrosas.
Para la gran mayoría de los participantes particulares, no tenemos la ventaja informativa de las instituciones, ni herramientas de cobertura, ni suficiente flexibilidad operativa. Lo único que podemos hacer es aprovechar las ventanas temporales claras.
Si aparece según lo previsto la segunda señal de venta que ofrece el rebote, lo más racional será cerrar las posiciones y optar por mantenerse al margen.
A muchas personas les cuesta aceptar la idea de mantenerse al margen y creen que estar fuera del mercado equivale a perder oportunidades. Pero, durante una fase en la que se concentran los riesgos macroeconómicos, no perder dinero ya es una gran victoria. En el mercado nunca faltarán nuevas oportunidades, pero, si el capital sufre una fuerte caída, recuperarse exigirá un esfuerzo varias veces mayor.
No fantaseemos con que durante una crisis habrá oro por todas partes. Cuando llega una crisis de verdad, lo primero que se agota es la liquidez y se venden indiscriminadamente la mayoría de los activos. La idea de que hay oro por todas partes solo se hace realidad después de que se hayan purgado los riesgos. En la fase intermedia de la tormenta, la prioridad es sobrevivir.
Por supuesto, tampoco debemos caer en el otro extremo y tratar todos los análisis como un destino inevitable. La geopolítica puede cambiar, las políticas son objeto de negociación y el mercado siempre puede sorprender. El análisis macroeconómico sirve para crear conciencia del riesgo, no para hacer apuestas exactas.
Debemos seguir de cerca varias señales para comprobar si el análisis es correcto:
1、 Si la segunda subida de tipos se materializa en la reunión de política monetaria de la Fed de diciembre;

2、 Si la situación en Oriente Medio y el conflicto entre Estados Unidos e Irán se intensifican, y cuánto sube el precio internacional del petróleo;

3、 Si aumenta la intensidad de la guerra entre Rusia y Ucrania y el conflicto se extiende a otros lugares;

4、 Si el tipo de cambio del yen vuelve al rango de 160‑163;

5、 Los cambios en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo y las señales de riesgo relacionadas con la financiación y el flujo de caja de las empresas de IA.
Si las señales van confirmando el análisis paso a paso, el riesgo se irá acercando; si todas las señales clave no se materializan, habrá que corregir el propio criterio a tiempo. Nunca hay que enfrentarse al mercado a toda costa: hay que seguirlo y ajustar la estrategia de forma dinámica.

La subida de tipos de septiembre solo ha levantado el telón; la obra principal aún no ha terminado.
Muchas noticias centran la atención en las subidas y bajadas diarias del mercado y en las fluctuaciones de los datos a corto plazo. Pero lo que realmente determinará el destino de los activos durante el próximo año son el ciclo monetario, los flujos globales de capital y el pulso entre las grandes potencias.
Esta ronda de subidas de tipos no es un simple intento de frenar la inflación, sino una apuesta en la que está en juego el crédito del dólar. Si pueden apropiarse de activos en el exterior, trasladarán la crisis fuera; si esa vía no funciona, asumirán el coste internamente.
Los inversores particulares no podemos cambiar el rumbo del mundo. Lo único que podemos hacer es entender las señales que transmite el ciclo y proteger nuestro capital.
La segunda señal de venta del rebote quizá sea la ventana de salida más importante que tendremos a corto plazo. Cuando la incertidumbre supera con creces a la certeza, no actuar y observar la tormenta es la mejor defensa.
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CryptoMishu
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CryptoMishu
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