¿A qué edad pueden tener su primer teléfono móvil los niños? Los estudios indican que lo mejor es a partir de los «13 años».

La investigación más reciente del Hospital Infantil de Filadelfia ofrece una recomendación clara para los padres: esperar al menos hasta los 13 años para darles su primer teléfono inteligente a los niños. Pero la investigación también advierte que los riesgos reales no solo dependen de la edad en que se obtiene, ya que los adolescentes que usan más de 5 horas diarias tienen más del doble de probabilidades de desarrollar depresión, obesidad y problemas de sueño en un año.
(Información adicional: Japón planea legislar para limitar el uso de redes sociales por parte de los adolescentes, y la tendencia global de regulación continúa expandiéndose)

Índice de este artículo

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  • Qué dicen los estudios: la edad es un piso, no un techo
  • Estudios preliminares: los riesgos a los 12 años ya son previsibles
  • Qué pueden hacer los padres: desde la edad, el tiempo y el espacio
  • La ola de políticas: desde Australia hasta el mundo
  • Los límites y restricciones de la regulación por edad

El equipo del psiquiatra adolescente Ran Barzilay del Hospital Infantil de Filadelfia, en su estudio más reciente, muestra que los niños que obtienen un teléfono inteligente a los 12 años tienen un riesgo claramente mayor de desarrollar depresión, obesidad y problemas de sueño en un año; en cambio, los niños que obtienen el teléfono a los 13 años no muestran relación con la depresión ni con la obesidad.

Este nuevo estudio, publicado en JAMA Pediatrics, analizó a 1,959 adolescentes: de los cuales 1,230 obtuvieron su primer teléfono inteligente entre los 13 y 14 años, y 729 no. Tras un seguimiento de un año, la conclusión principal fue: “13 años” es una edad relativamente segura para comenzar, pero no una protección total.

Qué dicen los estudios: la edad es un piso, no un techo

Barzilay afirmó a Bloomberg: “Sentirse más seguro a los 13 años. Aun así, hay que asegurarse de limitar el tiempo de pantalla de los niños.” Esta frase refleja el mensaje central del estudio: la regulación por edad es necesaria, pero no suficiente.

Los datos del estudio muestran claramente la importancia del comportamiento: los adolescentes que usan más de 5 horas diarias en su teléfono inteligente tienen más del doble de riesgo de desarrollar depresión, obesidad y problemas de sueño en un año; simplemente mantener el teléfono fuera del dormitorio puede reducir significativamente el riesgo de problemas de sueño.

Barzilay describe que controlar el tiempo y el lugar de uso “es una intervención muy directa o un ajuste conductual que puede marcar una gran diferencia.” Lo que él llama “intervención” se refiere a que los padres establezcan límites claros en el uso diario y prohíban que el teléfono entre en el dormitorio, dos acciones concretas.

Estudios preliminares: los riesgos a los 12 años ya son previsibles

Este no es el primer aviso del equipo de Barzilay. Un estudio preliminar publicado en Pediatrics, basado en la base de datos de desarrollo cognitivo cerebral de adolescentes en Estados Unidos (ABCD), analizó datos longitudinales de más de 10,588 adolescentes en 21 sitios de estudio, con cinco evaluaciones entre 2016 y 2022.

Los resultados mostraron que los niños que tenían un teléfono a los 12 años tenían una relación significativa con resultados negativos en salud como depresión, obesidad y problemas de sueño. La nueva investigación refina aún más el foco en “13 años vs. sin teléfono”, confirmando la importancia del umbral de edad y resaltando la centralidad del control conductual.

La conclusión combinada de ambos estudios es: “Solo limitar por edad no puede resolver los riesgos asociados a los teléfonos,” y esta es la principal tesis que el equipo comparte con los medios.

Qué pueden hacer los padres: desde la edad, el tiempo y el espacio

Además de retrasar la edad para dar el teléfono, la investigación señala tres acciones concretas:

  • Limitación de tiempo: establecer un límite diario, evitando más de 5 horas de uso de alto riesgo
  • Limitación de espacio: no permitir que el teléfono entre en el dormitorio, para proteger la calidad del sueño
  • Acción colectiva: la campaña “Wait Until 8th” (Espera hasta octavo grado), que invita a los padres a acordar colectivamente no dar teléfonos inteligentes a sus hijos antes de terminar la secundaria, reduciendo así la presión social y el fenómeno de “seguir la corriente” entre pares

Para los padres que desean mantener a sus hijos en contacto sin darles un teléfono inteligente, existen alternativas con funciones limitadas, como Tin Can, un teléfono “mudo” que solo ofrece llamadas y mensajes de texto, sin redes sociales, videos ni juegos.

La ola de políticas: desde Australia hasta el mundo

El momento en que se publica la investigación coincide con una aceleración en la legislación en varios países. Australia implementará en diciembre de 2025 la regulación más estricta del mundo para adolescentes en redes sociales, prohibiendo que menores de 16 años tengan cuentas en estas plataformas, bajo supervisión de la comisionada de eSafety, Julie Inman Grant. Las plataformas que incumplan podrían ser multadas con hasta 50 millones de dólares australianos. Hasta diciembre, se eliminaron aproximadamente 4.7 millones de cuentas de menores.

Las medidas australianas han impulsado a otros países a seguir el ejemplo: Francia prohíbe el uso de redes sociales para menores de 15 años (con consentimiento a partir de los 13), Dinamarca estudia una prohibición similar para menores de 15, Portugal limita a menores de 16, e Indonesia y Malasia planean prohibir a menores de 16, con entrada en vigor prevista para 2026.

Los límites y restricciones de la regulación por edad

Mientras estas políticas ofrecen una base para la acción, también dejan claro sus límites. Barzilay señala que el riesgo de depresión no solo está relacionado con “la edad en que se obtiene el teléfono,” sino también con “el tiempo diario de uso” y “el lugar de uso.” Esto significa que, incluso si la legislación logra retrasar la edad de acceso a 13 o 16 años, sin una gestión conductual en el hogar, los riesgos no desaparecen automáticamente.

En resumen: la regulación por edad es un piso para abrir un diálogo correcto, pero la protección real está en el techo, en cuánto tiempo se usa cada día y dónde se guarda el teléfono. Los números del estudio (el umbral de 5 horas, la restricción en el dormitorio) ofrecen a padres y responsables políticos una base más práctica que solo la “edad” para actuar.

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