La gente siempre piensa que el cambio proviene de una elección activa, pero en la mayoría de los casos, el verdadero cambio proviene de ser obligado a irse. Perder un trabajo, terminar una relación, abandonar una dirección en la que se ha insistido durante años, en ese momento parecen golpes del destino, pero en esencia están rompiendo la dependencia de la ruta original. Porque la mayoría de las personas no están atrapadas en sus habilidades, sino en la inercia. La gente repetirá constantemente decisiones familiares, incluso si ese camino ya ha llegado a su fin. Solo cuando una estructura antigua es rota por fuerzas externas, la gente se ve obligada a conocerse a sí misma y al mundo de nuevo. Por eso, mirando hacia atrás después de muchos años, esos momentos que te causaron dolor, resistencia e incluso desesperación, no necesariamente son el destino castigándote, sino que el destino está terminando una etapa que ya no puede continuar. Lo que el destino te da, muchas veces, no es una pregunta de opción, sino una fuerza que te empuja fuera del viejo mundo. Lo que realmente determina el rumbo de la vida no es esa vez que te empujaron, sino si después de ser empujado, estás dispuesto a dirigirte hacia una nueva dirección.

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