Muchas personas piensan que sus problemas son "falta de capacidad", "falta de recursos" o "mala suerte", pero en realidad, el problema más profundo suele ser: la falta de una evaluación precisa de la realidad. Cuando una persona no puede describir la realidad con precisión, solo puede reemplazar el juicio con emociones. Y la característica principal de las emociones es que amplifican la sensación de confusión. Muchas "desgracias" no son causadas por los hechos en sí, sino porque: la definición del problema no es clara; la comprensión de las relaciones de causa y efecto es incorrecta; la percepción de su propia posición es distorsionada; y la capacidad de evaluar las probabilidades futuras es deficiente. Por eso, las acciones comienzan a deformarse. Las personas realmente talentosas no necesariamente trabajan más duro que los demás, sino que tienen una "resolución" más alta respecto al mundo. Una vez que el juicio se vuelve más preciso, el consumo de energía de la persona disminuye drásticamente. Porque ya no hay autoengaño, ya no se cometen errores repetidos, y tampoco se deja llevar por miedos imaginarios. Esto es el verdadero poder del conocimiento, la capacidad de ir "nombrando, estructurando y causalizando" el mundo caótico.

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