Recientemente he descubierto que mis manos están bastante divididas: cuando hay una ganancia en spot, quiero salir corriendo, cuando hay una pérdida en contrato, quiero agregar más, al final no puedo mantener la posición o me pinchan con una aguja y exploto. En pocas palabras, la gestión de posiciones se resume en una frase sencilla: primero escribe cuánto estás dispuesto a perder, luego decide cuánto comprar; no al revés, primero te emocionas y luego rezas para que el mercado tenga sentido.



Ahora lo manejo de manera más brusca: el spot como color de fondo, una pequeña porción que se va extendiendo lentamente, sin apresurarse a borrar cuando cae; los contratos como pegatinas, si las pegas mal, las arrancas, cuando el stop-loss se activa, aceptas la derrota, sin sentimentalismos con el mercado. Aprovechando también la reciente ola de incentivos en la red de prueba y los puntos, todos están adivinando si la red principal emitirá tokens… también quiero aprovechar, pero solo con la cantidad de “que no me duela perder” para jugar, después de todo, los puntos más estables suelen ser los que se obtienen pagando matrícula (una ligera ironía). De todos modos, mientras esté vivo, puedo seguir luchando por construir.
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