Estos días todos vuelven a hablar de paralelismo y fragmentación, en el grupo la conversación está tan animada como una reunión de inicio de año, pero en mi corazón me siento más tenso: por más rápido que corra la cadena, si los activos no son seguros o no puedes retirarlos, todo es en vano. En realidad, prefiero primero entender claramente la “ruta de salida” — cómo cruzar el puente, dónde está la liquidez, quién tiene los permisos, y si en caso de problemas se puede detener la pérdida a tiempo.



El conjunto de juegos en cadena que colapsan también se parece mucho a un espejo: cuando la inflación sube, el estudio entra en escena, el precio de la moneda se dispara, y toda la narrativa se convierte en una espiral descendente… La emoción puede ser grande, pero al final, siempre son las emociones las que pagan la cuenta.

Mi madre acaba de preguntarme: “¿La fragmentación de la que hablan, es simplemente dividir el dinero en varias partes para que sea más seguro?” Solo pude responderle medio en serio: no necesariamente, por más que se divida en partes más pequeñas, lo clave sigue siendo si puedes recuperarlo y si puedes escapar. De todos modos, ahora prefiero ir más despacio y primero pensar en los permisos, las copias de seguridad y la ruta de retirada.
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